LA DICTADURA PERFECTA ES TELEVISA

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La reciente película del director mexicano Luis Estrada, “La Dictadura Perfecta”, aborda un tema que es de suma importancia: El poder de la televisión para manipular la percepción del ciudadano sobre distintos aspectos políticos, culturales y sociales, hasta promover la silla presidencial.

El mensaje, o la postura de Luis Estrada, es muy clara en esta película: La dictadura perfecta, hoy en día, no es el PRI, sino la televisión. Y más preciso que la televisión, como medio de comunicación, se refiere en si a el consorcio Televisa. En la película se presenta a la televisora  quien decide el rumbo del país, le dice a los mexicanos quiénes son los buenos y quienes los malos; le dice a la gente que ser pobre está bien y que existen los milagros; ofrece paquetes de “marketing de imagen” (como el caso en Michoacán con la Tuta y los periodistas que le ofrecían mejorar su imagen en redes y medios), y hasta promueve a quien será el próximo Presidente.

Esta premisa toma relevancia cuando vemos que el Gobierno Federal, como parte del “apagón analógico”, regalará 13.8 millones de televisores a los ciudadanos mexicanos. Si el costo de los televisores, al día de hoy, está cotizado en $2,200 pesos, esto da un total de $30,360 millones de pesos, quedando por encima de los $29,813 millones otorgados para el Seguro Social en el presupuesto del 2015. Es decir, parece que al gobierno le interesa más que los ciudadanos tenga televisión que buena atención médica. Estas cifras las menciona el periodista Sergio Sarmiento en su columna de hoy lunes 27 de Octubre en el periódico Reforma.

Ahora, ¿por qué ver esta película? Bueno, la razón principal que le encuentro es el hecho de que nos muestra, no el qué, sino el cómo. Dicho en otras palabras: no nos dice que televisora manipula, sino que nos dice cómo es que manipula la información para influenciar directamente en la percepción del espectador sobre asuntos de relevancia política y social. Nos muestra como algunas noticias son utilizadas para contrarrestar el impacto negativo sobre el Gobierno, y hace alusión al caso de René Bejarano. También muestra como otras noticias son “infladas”,o incluso hasta montadas, como ocurrió con el operativo televisado del caso Cassez o el de la niña Paulette. Es decir, nos señala que en cada noticia que podamos ver en televisión, debemos tomar en cuenta que detrás hay el interés de algunos en particular, que esas noticias atienden a los intereses de algunos.

Un ejemplo de esto es lo que ocurrió hace unos días, y es que, bueno, a estas alturas no pueden pedir que no sea uno mal pensado: Cuando más álgido está el tema sobre los 43 normalistas desaparecidos, con la mega marcha y las distintas actividades y manifestaciones en todo el país exigiendo respuestas, de pronto sale la noticia de la captura de Sidronio Casarrubias, máximo líder del grupo criminal “Guerreros Unidos”, pero como esta nota no tuvo el impacto esperado, días después aparece la noticia del asesinato de un integrante de la Banda El Recodo y haciendo alusión a una especie de crimen pasional y un triángulo amoroso, casi novelesco; entonces ahí si hubo la cobertura nacional e internacional de ese caso y por unos momentos se desvió la atención, aunque hay que decir que el tema de Ayotzinapa es tan fuerte y relevante que difícilmente perderá atención.

Hay dos frases con las que me quedo: “En este país la moral es un pinche arbusto que da moras” y “No cabe duda que el cinismo es la línea editorial de su empresa”.

Ahora, me hace mucho ruido el aspecto de presentar las diferentes situaciones en un tono de sátira. Esto no es nuevo en el trabajo de Luis Estrada, basta recordar su película “La Ley de Herodes”, que también utiliza este tono.

Cuando estaba en la sala hubo diversas escenas que provocaban las carcajadas de los asistentes, y en realidad sigo sin entender cuál era la risa, pues mostraba situaciones que debían indignarnos, y peor aún, que si habían sucedido en la vida real, pero estas eran proyectadas en un tono de sátira.

Mucho se ha dicho, que ya hasta se ha convertido en muletilla, que el mexicano tiene la capacidad de reírse de su propia desgracia. El mismo director Luis Estrada mencionó, en una entrevista televisada de cuando proyectaron su película en el Senado, que se trataba de que se identificaran y pudieran reírse de si mismos. Entonces me pregunto: ¿Hasta cuando seguiremos riéndonos de nuestras desgracias? ¿Hasta cuando le daremos la seriedad necesaria a los temas que nos conciernes y nos afectan? ¿Acaso debemos abrazarnos a esa cualidad de reírnos de nosotros mismos? Sí hay que reconocer que los políticos y la política en este país se ha convertido en una caricatura pero, ¿esa es razón para reírnos y no indignarnos? Entre risas y risas no nos damos cuenta que en realidad son otros quienes se ríen de nosotros.

La Dictadura Perfecta es una película importante porque señala uno de los grandes males de este país: Televisa y la manipulación a través de la televisión.

Esperemos que en realidad el señalamiento de la manipulación mediática sirva de algo y no se quede solo en una sátira mexicana donde los personajes hacen reír por su descaro y cinismo.

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¿Se han preguntado por qué El Chapulín Colorado es un antihéroe flaco, chaparro, que no confía en sí mismo? ¡No contaban con mi astucia! México: Parodia, Nación y Sujeto en la serie de El Chapulín Colorado! es el titulo del libro escrito por Carlos Aguasaco y editado por la Universidad Autónoma de Nuevo León, donde a través de un estudio, busca interpretar la coyuntura latinoamericana a partir de este personaje. El libro se presentó en la reciente Feria Internacional del Libro de Monterrey 2014. Aquí la entrevista: