LA MARCHA DE LOS CIUDADANOS DE A PIE

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Llegando al aeropuerto decidí irme directo a la concentración que habría en la Explanada de los Héroes, pero tuve que bajarme del Uber en pleno carril exprés porque en ese momento pasaba un contingente de manifestantes y cerraron parte de la avenida Constitución. No solo eran personas caminando sino también una caravana de carros protestando.
 
De ahí caminé hacia la explanada y lo que vi y presencié me resultó más complejo de lo que creía.
 
– La explanada lucía llena y seguía llegando gente. Había personas de todas las edades y nivel socioeconómico. No se veían mantas de partidos políticos, aunque seguro integrantes había, y los mismos grupos radicales de siempre. Se palpaba que quienes formaban el grueso era el “ciudadano de a pie”.
 
-Me llamó ver un templete bastante decente en tamaño, y aunque el audio no era suficiente para toda la explanada, sí era más organizado que otras ocasiones. Entonces la pregunta: ¿Quién lo pagó? ¿El CNC? Eso lleva al siguiente punto:
 
-Había muchas personas arriba del templete queriendo hacer uso del micrófono y era una completa desorganización. Este es un problema que siempre ocurre en las concentraciones aquí: Hay muchos oradores y nulo discurso. Eso causó confusión entre los asistentes porque la mayoría, por lo que se leía en pancartas y se escuchaba en los gritos, iban contra el gasolinazo y los que hablaban en el micrófono lo hacían contra el Bronco.
 
-Los discursos estaban llenos de lugares comunes y muchos estaban fuera de lugar. Tan débiles eran los discursos que apenas alguien tomaba el micrófono y la gente, o los abucheaba o bajaba, y no precisamente con buenas palabras. Y no es que justifique a las personas pero había cada discurso que daba pena ajena, solos se exponían. Vaya, hasta a un niño lo hicieron pasar a hablar al micrófono y solo para que nos diera “pendejos”, sí un niño. Pregunta: ¿Quién decide quiénes usaran el micrófono? ¿Los que pusieron el templete y el audio?
 
-Me di cuenta que la gente no quería escuchar discursos, estaba ahí esperando que algo pasara, no para escuchar lo mismo de siempre; no iban buscando líderes, porque a lo que se notó, la gente ya no cree en nadie mas que en sí mismos. Por gente me refiero a los presentes.
 
-Se prendieron las luces de la explanada y la gente aplaudió, pensó era un gesto positivo, sin embargo al parecer esto fue una señal de inicio para lo que continuó:
 
-Un grupo de “antifascistas”, con banderas negras que luego cambiaron por rojas, se adueñaron del micrófono a la fuerza y quisieron tomar la palabra, pero tampoco los dejaron quienes estaban arriba. Ahí truena el primer “cuete” y se empieza a hacer más caos. El momento es aprovechado y se arma la trifulca, comienzan a tronar mas cuetes y se golpea la puerta del palacio, de ahí comienzan a quebrar los vitrales y sin embargo, ante tal violencia, no había fuerza policial, los dejaron que lo hicieran.
 
-Cuando esto ocurre la gente comienza a gritar “Ese no es el pueblo” y “Sin violencia”. Queda claro que quienes hacen los destrozos son unos pocos en comparación al resto. Los fotógrafos pudieron fotografiarlos aunque algunos se llevaron golpes pero la autoridad no se hacía presente.
 
-Después de un rato llegó un pequeño grupo de Fuerza Civil, al que incluso muchos asistentes les aplaudieron. Aparentemente llegaron para detener a los rijosos. Lo hicieron y la gente aplaudió. Ahí mismo hubo quienes aseguraron ver que a la vuelta del palacio los dejaban libres.
 
-Para este momento ya había tal confusión que muchos no sabían quiénes estaban infiltrados y quiénes no, esto hizo que hubiera conatos de peleas en varias partes de la explanada. Si alguien estaba con el rostro cubierto era increpado por los demás. La gente no quería personas sin rostro.
 
-Aún con la violencia que ya se había generado, la gente no se fue, la explanada seguía luciendo llena y cuando se comenzó a poner más violento ocurrió algo que es lo más importante: LA GENTE SE SENTÓ EN EL SUELO EN SEÑAL DE PROTESTA POR LA VIOLENCIA. La mayoría estaban sentados y quedaba por demás claro que los asistente reales no eran quienes estaban haciendo los destrozos.
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-A estas alturas no había ya ninguna protesta dirigida. Unos gritaban contra el alza a impuestos, otros contra Bronco y unos cuantos contra el gasolinazo, pero el único grito que se escuchaba unido era el de “Ese no es el pueblo”, “Sin Violencia” y “Nuevo León”.
 
-La policía se adueño de las escalinatas del palacio, crearon un perímetro y los custodiaron. Había grupos de jóvenes que seguían retando a la autoridad, y gente gritando contra los jóvenes. La policía comenzó a hacerles frente y a lanzar agua y gas pimienta, lo extraño de eso es que descuidaron la escalinatas y las dejaron libres por ir a hacerle frente a unos jóvenes que solo los estaban provocando. Entonces eso tomó un tinte un tanto actuado, como si ambas partes fueran personajes de una misma escena y la gente se dio cuenta.
 
– Sin buscarlo, y sin querer, vi a infiltrados reales. No creía del todo en eso pero los vi: Tres personas vestidas de civil que en su actuar se diferenciaban de los demás: pantalón de vestir con camisa de vestir pero con el rostro cubierto. Pantalón de mezclilla con botas vaqueras y chaleco, gorra con escudo nacional y rostro cubierto. Podía verse en su cara el cinismo, se burlaban de lo que la gente gritaba y ellos mismos hablaban de como “provocar”, me tocó estar cerca de ellos.
-Para este momento ya no pasaba nada, pero la gente seguía en la explanada, no se iba, parecía una especie de unión contra la violencia y de alguna forma expectante esperando a que algo sucediera, y sucedió: Un grupo de personas se fue contra las camionetas de las televisoras. Primero fue Televisa, pero sin violencia solo gritando cosas como “telebasura”. Los técnicos pudieron bajar su antena y meterse a la camioneta sin mayor problema, no hubo agresión física. Se retiran y es el momento en que la misma turba se dirige a la camioneta de Multimedios y hace lo mismo: gritar cosas contra ellos como “prensa vendida”. No había agresión física, pero sí hay que mencionar que algunos golpeaban el vehículo con las palmas de las manos, sin que estuviera en riesgo la vida de los tripulantes. Sin embargo quien manejaba esta camioneta, ya con sus integrantes dentro, sale despavorido y a gran velocidad, como si lo quisieran linchar, y en su salida irresponsable, atropella a una persona. Ahí comienza el caos mayor.
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-Después de ver esto las personas se fueron contra los vehículos de la prensa, los golpearon y los voltearon, y la policía no aparecía. Al ver que no había orden entonces decidieron tomar Zaragoza hacia el sur y comenzar a quebrar cristales de negocios. Ahí decidí que esto había terminado para mi y me fui.

ECOS DE UN FESTIVAL AL NORTE

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Primer día

-Antes que nada: Lo mejor y divertido fue ver a todo mundo bailando con Caballo Dorado, era impresionante ver la cantidad de gente haciendo una coreografía. Muy bien por quien haya decidido que estuvieran.

-Play & Mobil Project, la banda integrada por miembros de Liquits y Quiero Club inició el festival. La verdad es que en vivo suenan muy bien pero la gente apenas iba llegando y no ponía mucha atención. Tuvo que aparecer Facundo en el escenario para que los asistentes se acercaran y sacaran sus teléfonos para tomar fotos. Esta banda suena muy bien en vivo y fue buen inicio.

-Rock en tu Idioma comenzó sonando mal, en realidad bastante mal, no por la banda sino por el ingeniero. Ya después se arregló y se podía escuchar todo sin problema. La nostalgia gana, hasta yo me encontré cantando algunas canciones. Me dio gusto ver amigos en el escenario y entendí algo: Por más que queramos criticar este proyecto, la verdad es que lo merecen; ellos y sus canciones abrieron muchas puertas, crearon un público y forman parte de una generación fundamental para el rock nacional. Podemos decir que su tiempo ya fue y en realidad no es así, lo que hicieron ahí está. intacto y merece reconocimiento.

-Pedrina y Rio, banda colombiana, fue una muy grata sorpresa. Su sonido de fusión latina entre bossa y más ritmos, suenan por demás interesante. Habíamos pocos y el audio no ayudó, pero sin duda fue, en mi opinión, un grato descubrimiento. Me doy cuenta que en otros países también se están generando propuestas muy finas y contemporáneas.

-Natalia Lafourcade es probablemente la más arriesgada. Va del pop al bolero, de lo acústico a lo enérgico pasando por varios ritmos latinos. La gente le respondió muy bien y creo es el show más musical de todos los que se presentaron. Arreglos muy buenos, excelente ejecución de la banda como de ella. Aunque a algunos no les gusta la verdad es que Natalia lo hace muy bien y se nota madura, más allá de si nos gustan o no sus canciones.

-Quiero Club tuvo buena respuesta, tiene ya un público identificado y su propuesta va muy bien en estos festivales. Boscop apareció con varias bandas.

-Pato Machete se armó de una banda en el escenario y se apoyó en Serko Fu en las voces. Mezclando sus temas solista con algunos de Control Machete logró conectar con el público que era muy nutrido en la carpa ascendente.

-Plastilina Mosh no termina de conectar del todo con el público del festival. Hay temas que son coreados, bailados y demás pero la gente no termina de entregarse a esta banda. Tuvieron uno de los mejores horarios. Su juego de luces e imágenes es bastante bueno acompañado de su música, pero hay algo que no termina de “reventar”.

-Bunbury no hay tanto que decir. Sus fans cantaron fuerte cada uno de los temas, que algunas versiones fueron como las de su último disco, en tempos más bajos y versiones acústicas. Su banda suena impecable. Me gustó que tocara una de las canciones hecha junto a Nacho Vegas.

-Cadillacs comenzó sonando mal, poco a poco se fue componiendo el audio. Vicentico no habló con el público regio y eso le dio algo de frialdad al asunto. Las canciones las cantamos y me dio gusto escuchar algunas viejitas que no pensé tocarían. La banda suena bien, pero como dije antes, hubo una cierta frialdad y al menos de mi parte la expectativa era más alta.

 Terminando ellos me fui y ya no vi a 50 Cents. Tampoco ví a Alfonso André ni Gustavo Cordera, no porque no quisiera, sino por falta de tiempo. Me arrepiento de no ver a Cordera cuando supe que cantó “Un pacto”.

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Segundo día 

-75 mil asistentes solo el sábado (sold out) y alrededor de 59 mil el viernes, lo que da una cifra de más de 130 mil asistentes entre los dos días.

-Clemente Castillo presentó rolas de su disco Eureka y suena muy bien en vivo. Había poca gente pero los que estaban apoyaban. Vale la pena darle una escuchada a su disco, una paleta de sonidos que van del soul al bolero pasando por el reggae.

-Siddhartha se ha ido ganando poco a poco a los regios. La respuesta del público fue bastante buena y en vivo sonó muy bien. Las canciones entre un pop con guitarras cargadas y pinceladas de rock es una formula que le ha dado un sonido específico y la gente se lo reconoció. Prácticamente cantaron todas las canciones aunque no estaba lleno aún.

-Pericos tuvo una presentación buena. No hubo novedades en su show pero tienen un repertorio tan conocido que no tuvieron problema para que el público les respondiera. Estaban festejando 30 años de carrera. Fueron los primeros a quienes les pidieron una canción más.

-Luego vino un segmento electrónico que comenzó con Sussy 4, Moenia y el DJ Felix Jaehn, siendo este último a mi parecer lo más aburrido del festival, aquí como que se hizo un espacio donde se sentía que caía el festival.

-León Larreguí puede gustar o no, pero la respuesta fue muy buena, ni se diga cuando cantó “Brillas”, que fue la más coreada. Aprovechó el festival para presentar su disco Voluma.

-En la carpa ascendente me sorprendió mucho Timothy Brownie, es como si fue un DJ con música continua pero con la peculiaridad que es toda una banda. Traían una chica ingeniero de audio que los hizo sonar increíble.

-Porter tuvo mucha audiencia en la carpa ascendente, aunque su vocalista por momentos sonaba desafinado, tuvieron una buena presentación donde la gente los acompañó durante todas las canciones. Ya habían estado anteriormente en el escenario principal, sin embargo ahora les tocó en este otro espacio. Sin duda hubiera sido mejor que ellos ocuparan uno de los escenarios grandes en lugar de alguno de los DJ que estuvieron ahí.

-Desde muy temprano ya se notaba la afluencia de gente, pero para este momento ya era muy difícil caminar en ciertas zonas.

-Caifanes sigue siendo Caifanes y lo será por generaciones. El audio sonó un poco bajo, no terminaba de tronar, pero la gente cantó a pulmón abierto canciones que son parte de una generación. No hubo novedades, el discurso ya conocido de Saul, no hubo canciones nuevas y prácticamente ni arreglos nuevos; pero las canciones forman parte del cancionero nacional; tan así que son cantadas y conocidas por personas de diversas edades.

-Two Door Cinema suena muy bien en vivo pero en lo personal no me termina de llamar la atención, me pareció bueno pero un tanto insípido, repito es opinión personal.

-Las sorpresas fueron Lou Vega y Magneto…esto ya se volvió una característica del festival: los artistas sorpresa, los cuales en muchas ocasiones se tratan de aquellos one hit wonder, y su presentación está limitada a uno o dos temas cuando mucho.

-El cansancio era más como para quedarme por morbo a ver qué onda con J Balvin y el cierre con Decadentes y Naughty By Nature.

 

Pros y contras:

 -El festival dentro del perfil que maneja se ha convertido en el segundo más importante del país después del Vive Latino.

-La infraestructura es insuficiente para la cantidad de público asistente, hay momentos en que es difícil caminar.

-Hacer uso de los baños es complicado y caótico.

-Hay una variedad musical casi para todos los gustos.

-La prioridad que se le da al consumo de cerveza sobre el agua u otra bebida es muy marcada. Son muchos más los puntos de venta de cerveza que los de agua y refresco y estos se terminan muy rápido, no así la cerveza. Por todo el parque había personas vendiendo cerveza, pero no agua ni refresco. De esta forma es presionar a los asistentes a consumir cerveza.

-La imposición de comprar dos cervezas de golpe en lugar de una hace que el consumo sea más.

-La atracción de turismo a la ciudad es hoy en día una realidad gracias a los festivales.

-El perfil “norteño” del festival es redondo pues incluye no solo un espacio emblemático (Fundidora) sino una de las mejores vistas de nuestro símbolo (Cerro de la Silla) y gastronomía también, aparte de la música.

-A pesar de tratarse de un festival del norte, hay muy poco espacio, casi nulo, para bandas emergentes de la ciudad o de la región norte.

-Los taxis fuera del lugar cobran tarifas muy elevadas y la agencia de transporte no hace nada al respecto.

-La producción es de alto nivel, los horarios se cumplen y se nota una organización fuerte.

-La derrama económica es latente y la opción de ofrecer música y entretenimiento en una ciudad azotada por la inseguridad tiene sus beneficios.

LA INTOLERANCIA DE LOS ROCKEROS

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El público del rock es el más intolerante; éste es el que mas abuchea, lanza objetos al escenario, ofende y demerita a las bandas, cosa que no ocurre entre los gruperos o poperos, por ejemplo.

Cuando hay un festival de “rock”, lo primero que sale a flote son críticas y ofensas a los grupos participantes. Cuando alguna banda importante viene a la ciudad o al país, pobre del que le toque abrir el concierto pues tendrá que aguantar la poca paciencia de los presentes. Y no se trata de malinchismo, pues lo mismo ocurre con las bandas que abren conciertos de grupos nacionales de peso.

En estos días se habla mucho de la versión que hace la Banda El Recodo al clásico de Pink Floyd “Another brick on the wall”. Sin embargo la queja no es otra más que el hecho de que un grupero interprete un clásico del rock. ¿Dónde dice que está prohibido hacerlo? Muchos músicos hemos hecho lo mismo a la inversa e igual hemos sido criticados. Se nos olvida que la música es universal. Y si decidimos que el rock es solo para los rockeros, entonces habría que definir qué es rock y quiénes los rockeros.

Tampoco es que haya que ser conformista, consumir lo que te pongan sin decir ni criticar nada. De cierta forma la esencia del rock, al menos en el papel, es cuestionar, señalar y criticar: ir contra lo establecido. Pero en todo caso hay diversas soluciones: Si estás en desacuerdo que un grupero toque un tema de alguna banda de rock, o viceversa, no lo escuches y listo. Si no te gusta el lineup de un festival, pues no vas. Si no te gusta la banda que abrirá el concierto de otra banda, pues aprovecha para ir por una cerveza o simplemente ponte a platicar con quien vayas o incluso no llegues a verlos tocar. Sin embargo, lo que comúnmente sucede son los abucheos, lanzamiento de objetos al escenario y gritos pidiendo que se bajen del mismo.

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Extrañamente (o quizá no tan extraño), he conocido historias de bandas muy grandes, tanto nacionales e internacionales, que en algún momento fueron abucheadas o agredidas. Fito Páez en Monterrey, Amigos Invisibles en Torreón, Bersuit Vergarabat en DF, Zoé en el Zócalo de la CDMX (me tocó estar ahí) Café Tacvba en Guadalajara (lo supe por gente muy cercana), por mencionar algunos. A mí me ha tocado vivirlo varias ocasiones como músico. Es una especie de Coliseo Romano llevado a los conciertos, y vivirlo pareciera ser un precio a pagar por parte de las bandas.

Pero no hay que confundir exigencia con intolerancia. Si una banda toca muy mal, suena espantoso y muestra falta de profesionalismo, pues con justa razón recibirá muestras de desaprobación pero, ¿denostar o demeritar solo porque estoy impaciente de ver al otro artista o porque no es de mi gusto? Tenemos todo el derecho a que no nos guste una banda, incluso sin conocerla ni haberla escuchado anteriormente. Y podemos hacérselo notar al no prestarles nuestros oídos ni nuestra atención, pero parece que no nos basta con eso: hay que hacerles notar, aparentemente, que estamos furiosos, que nos molesta su presencia y no los queremos ahí. Hay que ofender no solo a quienes lo hacen, sino a quienes lo aprueban también.

Es muy común escuchar comentarios despectivos acerca de las personas que escuchan música grupera, o pop comercial, o bachata o lo que sea, y sin embargo, el público del rock resulta ser el mas intolerante.

“LAS MISMAS BANDAS DE SIEMPRE”

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“Son las mismas bandas de siempre” es la crítica/comentario más frecuente cuando aparece el lineup de un festival musical. Tanto así que hasta pareciera ser una reacción en automático. Sin embargo ésta bien podría ser una crítica infructuosa.

Lo primero es que al hacer esta crítica no nos damos cuenta que para bien o mal, las bandas que han formado parte de los festivales, al menos en Monterrey, es lo que hay. No hay un número muy grande de bandas con prestigio nacional e internacional que puedan encabezar estos festivales. Incluso podríamos decir que no hay bandas jóvenes (mínimo de 10 años con trayectoria) que puedan ocupar los lugares estelares. ¿Por qué no hay bandas jóvenes que puedan encabezar los festivales? Por una respuesta que tiene múltiples factores: no tienen un público masivo como otros.

Sería diferente si como en otros países cada año salieran nuevos artistas bajo los reflectores y con apuestas. Aquí no sucede así. ¿Cuál fue la última banda mexicana que ha logrado un éxito masivo?

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MONTERREY N.L. LOS AMIGOS INVISIBLES EN EL PAL NORTE 2014 , PARQUE FUNDIDORA. FOTO: ROBERTO ALANIS

Hay que recordar que la principal línea de estos festivales es el negocio y éste funciona atrayendo público. Desafortunadamente para este tipo de festivales no funcionan los segmentos, si bien se dan casos de escenarios alternos y emergentes, la idea es convocar a un mismo público en un mismo espacio y no fragmentado. ¿Quién puede ocupar el lugar de Café Tacuba, Zoe, Fabulosos Cadillacs, Bunbury o Molotov? Desde luego me refiero a bandas latinoamericanas. Por ejemplo, a mi me gustaría que viniera Banda do mar o Christina Rosenvinge, pero sé que son cosas que solo a algunos nos gustan o pocos conocemos, entonces ahí no tendría lugar criticar porque no los traen a ellos.

Me da también la impresión de que cuando decimos que las bandas son las mismas de siempre en realidad nos referimos a las que encabezan el festival, por eso hago énfasis en el público o fuerza que tengan. Porque si nos referimos a todas las bandas que forman el cartel de un festival, hay que decir que sí se le ha dado espacio a bandas emergentes o no tan populares pero poco hablamos de ellas. Entonces ahí se vuelve contradictoria nuestra queja, y vuelvo a la pregunta: hablando de bandas latinoamericanas, ¿ a quién pondrían?

La realidad es que la gente no va precisamente a un festival a descubrir bandas. No lo digo yo, sino la realidad cuando vemos que los escenarios principales son los que están llenos mientras los escenarios alternos no tienen la misma atención. Sí, hay algunos que se dan el tiempo de ver quién está tocando ahí, pero en relación a los escenarios grandes, son pocos. En esos espacios hay ocasiones en que se presentan muy buenas propuestas y agradables sorpresas que para muchos pasan desapercibidas. Bandas que difícilmente visitarán la ciudad ellos solos, sin embargo van dentro de esa misma queja de “son siempre las mismas”.

Debo aclarar que mi intención no es defender a los festivales, sino tratar de mostrar otra perspectiva. En ese sentido, creo que hay cosas más criticables que el lineup. Por ejemplo: lo difícil que es conseguir agua en relación a la cerveza; la poca vigilancia sobre a quién se le vende alcohol. La mafia de taxistas que acaparan las salidas con tarifas excesivas. Los problemas con los baños, por mencionar algunos.

A final de cuentas la mejor forma de apoyar un festival es asistiendo. Y la mejor crítica siempre será no asistir.

 

“LA REALIDAD ES UNA, SUS LECTURAS INFINITAS”

Entrevista a Vicente Alfonso sobre su novela “Huesos de San Lorenzo”.9786074217407

¿Qué se siente tener un hermano gemelo? A partir de este cuestionamiento el escritor mexicano Vicente Alfonso le da forma a “Huesos de San Lorenzo”, obra ganadora del premio Sor Juana Inés de la Cruz 2014, pero apenas publicada en este inicio del 2016 por la editorial Planeta (Tusquets) en coedición con el Gobierno del Estado de México.

Ambientada en el norte de México, entre Torreón y Parras de la Fuente Coahuila, Huesos de San Lorenzo presenta la historia del asesinato de una mujer (Magda) a quien relacionan con los gemelos Ayala, principales sospechosos del asesinato sin poder asegurar su autoría, y en dado caso que sí, identificar cuál de ellos fue. Y aún más, ¿en realidad Magda murió?

Un psicólogo trata de ayudar a uno de los gemelos con sus traumas; un periodista busca esclarecer el mito de la “Niña Cande” y la historia de los padres de los Ayala se forman su propia brecha, hasta que poco a poco los caminos se entrecruzan de manera sutil, como un traje hecho a la medida.

Huesos de San Lorenzo busca su equilibrio en los soportes de la novela negra tradicional, así como en la labor artesanal del narrador. “Lo que busco es que el lector no pueda dejar de leerla”, menciona Alfonso.

La novela es un cristal roto de cual podemos juntar fragmentos y ver distintos reflejos, mas sin embargo si lo armamos por completo, podremos ver el rostro de una sociedad que juzga a su conveniencia; una sociedad que toma la identidad que más le convenga confundiéndose a si misma; una sociedad que cambia de rostro continuamente.

Huesos de San Lorenzo es una novela compleja, mas no complicada. Si bien no subestima al lector dandole una historia estructurada de manera laberíntica, el paseo se hace muy ameno gracias a la narrativa de Vicente Alfonso.

En lo personal la disfruté mucho y no dudo sea una de las novelas que se mencione al final del año como una de las mejores de este 2016.

Aquí pueden escuchar la entrevista:

LOS TRIBUTOS NO TIENEN LA CULPA

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Últimamente he escuchado y leído comentarios que culpan a los tributos de lo que ocurre con la escena de rock local o nacional. Nada más absurdo. Los tributos no tienen la culpa de lo que pasa en una escena musical, al menos no en la nuestra.

Hay que empezar por establecer que son dos cosas muy distintas una banda de tributos a una banda de música original, los fines y las formas son muy distantes entre una y otra; mientras los tributos lo que buscan es solo dinero, las de música original buscan aceptación, reconocimiento y trascendencia, aunque hay que señalar que en ambos casos hay quienes los hacen por hobby (y precisamente a eso suenan: a hobby).

Poner a los dos tipos de bandas en un mismo costal es un error, pues nunca será lo mismo componer canciones que interpretar las de otros. No digo que una sea mejor que la otra, si se hacen bien ambas requieren de talento y conocimiento, sino que simplemente son dos cosas muy distintas y no podemos ponerlas en la misma situación.

En relación a los tributos, después de hablar con los dueños de algunos bares (Café Iguana, Tumba y Nachos & Gangas) la realidad es que tanto los bares como los músicos ganan más con los tributos porque la gente está dispuesta a pagar un cover por ellos, cosa que generalmente no hacen por ver a bandas originales. Es decir, la gente prefiere ir a ver un tributo que una banda original. Este es un tema que abordaré en otro texto porque vale la pena hablar de los distintos músicos: los que viven de ello y los oportunistas.

Esto ha llevado a que haya un conformismo tanto por parte de algunos músicos como de parte del público. Hay músicos que ya se la tomaron fácil haciendo tributos y crear música propia no les interesa en lo más mínimo. Y hay público que ya no le llama la atención ir a escuchar bandas nuevas, mencionando generalmente que “no hay ninguna que valga la pena”. Y la verdad es que no se les puede culpar o criticar, aún y que sea una postura conformista, nadie puede culparlos de nada.

Lo que sucede es que necesitamos un culpable que no seamos nosotros mismos. Si no, habría que preguntarnos qué estamos haciendo mal o dejando de hacer las bandas de música original. La respuesta más simple por parte de las bandas es que la gente prefiere lo mismo de siempre, las mismas bandas y las mismas canciones. Entonces habría que preguntarnos por qué prefieren eso. Algo está mal cuando las bandas de música original le abren a las de tributos.

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Sí, hay que reconocer que al menos el regiomontano vive de la nostalgia. También hay que decir que sí es excesiva la cantidad de tributos que se hacen en la ciudad; esto conlleva a que haya muchos oportunistas que hagan tributos de muy mala calidad y a cualquier artista, sin importar que vaya a estar o haya estado en la ciudad el grupo original. En este sentido el público tendría que ser más exigente, justo como lo es con las bandas de música original.

Pero, ¿cómo pedirle al público que se dé oportunidad de escuchar una banda nueva y pagar un cover por ello si ni los mismos músicos lo hacemos?

Una escena de bandas locales, de música original, no tiene nada que ver con los grupos de tributos. Los espacios ahí siguen, no están cerrados a las bandas, pero por alguna razón que no hemos descifrado bien, la gente prefiere ir a un tributo que a una “tocada”. Entonces habría que preguntarnos los músicos que hacemos canciones, ¿por qué la gente no nos escucha? Es decir, no todo el problema es del público, también hay una responsabilidad nuestra por lo que hemos dejado de hacer.

Si la gente no va a escucharte no solamente es que le guste lo mismo de siempre, no solo es que no entienda tu música, también puede ser que tu propuesta no sea buena, pero eso generalmente no lo contemplamos.

Los tributos pueden ser culpables de muchas cosas, pero no de que la escena local o nacional de rock no resalte como debería. No porque la gente deje de ir a los tributos quiere decir que habrá más bandas originales ni más público escuchándolas.

Twitter: @homerontiveros

EL DOBLE DISCURSO DE LO POPULAR

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Leyendo sobre las críticas y reacciones, tanto positivas como negativas, de la exposición de la artista Yayoi Kusama, reflexioné y me di cuenta que hay un recelo hacia la popularidad y un doble discurso de lo popular.

Esto ocurre en distintos terrenos: la música, el cine, la literatura, la moda y casi en cualquier apartado que se les ocurra.

¿Por qué el recelo y el doble discurso? Trataré de explicarme:

Nos gusta la música que no suena en las estaciones de radio comerciales, las películas del denominado “cine de arte” que solo son exhibidas en ciertas salas, las obras pictóricas de artistas que a la mayoría les pasan de noche, y así una lista amplia. Y hay una queja generalizada en el sentido de porqué a cierta música no se le da más espacio en la radio; por qué la gente no se interesa por otro tipo de películas que no sean las de Hollywood; por qué la gente no deja de leer a Cohelo y lee libros más importantes y profundos, o en cu caso, cuestionamos por qué la gente no lee libros. Incluso nos quejamos de que la gente no va a los museos ni aprovecha la oportunidad de vivir la experiencia de presenciar una exposición, de enriquecerse culturalmente.

Pero me pregunto: ¿ En realidad queremos que así sea, que la música, los libros, las películas, las modas que son de un grupo determinado se vuelvan masivas? No lo creo y he ahí el doble discurso.

Tenemos la idea de que si así fuera, si la gente se acercara más a la cultura o pusiera más atención a expresiones no tan comerciales, la sociedad sería diferente. Creemos que acercarnos a la cultura y al arte nos hace mejores personas y siempre existe el lamento de que ciertas manifestaciones solo interesan a unos cuantos y no a las masas. Pareciera que nos gustaría que esas expresiones fueran populares, sin embargo, cuando esto llega a suceder, que algo se vuelve popular, lo primero que hacemos es rechazarlo.

 “Es que ya se hizo muy popular”, “ahora ya es muy light”, “ya se vendió”, “ya se hizo comercial”, “ a esos ya cualquiera los escucha”, “era mejor antes, ahora ya todos lo leen”, y más expresiones por el estilo son la que se pueden escuchar.

Sucede que en realidad no queremos que lo que nos gusta a unos cuantos se haga popular aunque antes hayamos dicho que “ojalá la gente pusiera mas atención en ello”. En cuanto algo se hace masivo ponemos en duda su calidad; pareciera que no confiamos en el gusto de los demás y por ende, si le gusta a todos, entonces está mal.

Queremos que escuchen a determinado artista o grupo que solo algunos conocemos y nos lamentamos de que en X ciudad sea tan poco conocido, pero si llega a llenar un teatro o una sala, nos quejamos diciendo que la mayoría de los que fueron no sabían ni de qué se trataba.

Decimos que la gente debería de ver cine diferente al comercial, pero en cuanto una película de estas es vista por muchas personas, y tiene un éxito comercial. entonces ya no nos parece tan interesante.

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Infinidad de veces hemos escuchado que la gente debería aprovechar los museos. Yo mismo lo he dicho, sin embargo salí muy molesto de una exposición de Dalí en Madrid por la cantidad de gente que ahí había.

Hace unos días escuchaba una canción de Jeff Buckley, “Lover, you should’ve come over”, y me enteré de que esta es mencionada en 50 sombras de Grey, lo cual a muchos les pareció una ofensa que la incluyeran ahí, y que los lectores de este libro la escucharan. Sin embargo muchas veces he oído a personas decir que “todos” deberían escuchar a Jeff Buckley.

Cuántas críticas no aparecieron sobre la obra de Kusama ahora que estuvo en el Museo Tamayo, y cuántas de ellas no fueron hacia la gente que hacía largas filas o se tomaba fotos en la exposición. Esto último aún y cuando la misma artista se había fotografiado en su propia obra. Me da la impresión de que las críticas vinieron a partir de que se volvió un fenómeno la exposición el en Distrito Federal. ¿Habría las mismas críticas si no hubiera sido tan popular su exposición en México?

Conozco buenos lectores que celebraban la edición de “Tokio Blues” de Murakami en español y ahora dicen que ya no lo leen porque ya cualquiera lo lee.

Estamos peleados con lo popular. No creemos que algo pueda ser muy conocido y mantener un importante nivel de calidad. Así que en cuanto se vuelve masivo deja de interesarnos, aún y cuando se trate del mismo trabajo.

Pero entonces, ¿queremos que lo que nos gusta les guste a otro o no? ¿El valor de una expresión, o de una obra, está dictada por su popularidad?