EL DOBLE DISCURSO DE LO POPULAR

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Leyendo sobre las críticas y reacciones, tanto positivas como negativas, de la exposición de la artista Yayoi Kusama, reflexioné y me di cuenta que hay un recelo hacia la popularidad y un doble discurso de lo popular.

Esto ocurre en distintos terrenos: la música, el cine, la literatura, la moda y casi en cualquier apartado que se les ocurra.

¿Por qué el recelo y el doble discurso? Trataré de explicarme:

Nos gusta la música que no suena en las estaciones de radio comerciales, las películas del denominado “cine de arte” que solo son exhibidas en ciertas salas, las obras pictóricas de artistas que a la mayoría les pasan de noche, y así una lista amplia. Y hay una queja generalizada en el sentido de porqué a cierta música no se le da más espacio en la radio; por qué la gente no se interesa por otro tipo de películas que no sean las de Hollywood; por qué la gente no deja de leer a Cohelo y lee libros más importantes y profundos, o en cu caso, cuestionamos por qué la gente no lee libros. Incluso nos quejamos de que la gente no va a los museos ni aprovecha la oportunidad de vivir la experiencia de presenciar una exposición, de enriquecerse culturalmente.

Pero me pregunto: ¿ En realidad queremos que así sea, que la música, los libros, las películas, las modas que son de un grupo determinado se vuelvan masivas? No lo creo y he ahí el doble discurso.

Tenemos la idea de que si así fuera, si la gente se acercara más a la cultura o pusiera más atención a expresiones no tan comerciales, la sociedad sería diferente. Creemos que acercarnos a la cultura y al arte nos hace mejores personas y siempre existe el lamento de que ciertas manifestaciones solo interesan a unos cuantos y no a las masas. Pareciera que nos gustaría que esas expresiones fueran populares, sin embargo, cuando esto llega a suceder, que algo se vuelve popular, lo primero que hacemos es rechazarlo.

 “Es que ya se hizo muy popular”, “ahora ya es muy light”, “ya se vendió”, “ya se hizo comercial”, “ a esos ya cualquiera los escucha”, “era mejor antes, ahora ya todos lo leen”, y más expresiones por el estilo son la que se pueden escuchar.

Sucede que en realidad no queremos que lo que nos gusta a unos cuantos se haga popular aunque antes hayamos dicho que “ojalá la gente pusiera mas atención en ello”. En cuanto algo se hace masivo ponemos en duda su calidad; pareciera que no confiamos en el gusto de los demás y por ende, si le gusta a todos, entonces está mal.

Queremos que escuchen a determinado artista o grupo que solo algunos conocemos y nos lamentamos de que en X ciudad sea tan poco conocido, pero si llega a llenar un teatro o una sala, nos quejamos diciendo que la mayoría de los que fueron no sabían ni de qué se trataba.

Decimos que la gente debería de ver cine diferente al comercial, pero en cuanto una película de estas es vista por muchas personas, y tiene un éxito comercial. entonces ya no nos parece tan interesante.

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Infinidad de veces hemos escuchado que la gente debería aprovechar los museos. Yo mismo lo he dicho, sin embargo salí muy molesto de una exposición de Dalí en Madrid por la cantidad de gente que ahí había.

Hace unos días escuchaba una canción de Jeff Buckley, “Lover, you should’ve come over”, y me enteré de que esta es mencionada en 50 sombras de Grey, lo cual a muchos les pareció una ofensa que la incluyeran ahí, y que los lectores de este libro la escucharan. Sin embargo muchas veces he oído a personas decir que “todos” deberían escuchar a Jeff Buckley.

Cuántas críticas no aparecieron sobre la obra de Kusama ahora que estuvo en el Museo Tamayo, y cuántas de ellas no fueron hacia la gente que hacía largas filas o se tomaba fotos en la exposición. Esto último aún y cuando la misma artista se había fotografiado en su propia obra. Me da la impresión de que las críticas vinieron a partir de que se volvió un fenómeno la exposición el en Distrito Federal. ¿Habría las mismas críticas si no hubiera sido tan popular su exposición en México?

Conozco buenos lectores que celebraban la edición de “Tokio Blues” de Murakami en español y ahora dicen que ya no lo leen porque ya cualquiera lo lee.

Estamos peleados con lo popular. No creemos que algo pueda ser muy conocido y mantener un importante nivel de calidad. Así que en cuanto se vuelve masivo deja de interesarnos, aún y cuando se trate del mismo trabajo.

Pero entonces, ¿queremos que lo que nos gusta les guste a otro o no? ¿El valor de una expresión, o de una obra, está dictada por su popularidad?

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LA DICTADURA PERFECTA ES TELEVISA

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La reciente película del director mexicano Luis Estrada, “La Dictadura Perfecta”, aborda un tema que es de suma importancia: El poder de la televisión para manipular la percepción del ciudadano sobre distintos aspectos políticos, culturales y sociales, hasta promover la silla presidencial.

El mensaje, o la postura de Luis Estrada, es muy clara en esta película: La dictadura perfecta, hoy en día, no es el PRI, sino la televisión. Y más preciso que la televisión, como medio de comunicación, se refiere en si a el consorcio Televisa. En la película se presenta a la televisora  quien decide el rumbo del país, le dice a los mexicanos quiénes son los buenos y quienes los malos; le dice a la gente que ser pobre está bien y que existen los milagros; ofrece paquetes de “marketing de imagen” (como el caso en Michoacán con la Tuta y los periodistas que le ofrecían mejorar su imagen en redes y medios), y hasta promueve a quien será el próximo Presidente.

Esta premisa toma relevancia cuando vemos que el Gobierno Federal, como parte del “apagón analógico”, regalará 13.8 millones de televisores a los ciudadanos mexicanos. Si el costo de los televisores, al día de hoy, está cotizado en $2,200 pesos, esto da un total de $30,360 millones de pesos, quedando por encima de los $29,813 millones otorgados para el Seguro Social en el presupuesto del 2015. Es decir, parece que al gobierno le interesa más que los ciudadanos tenga televisión que buena atención médica. Estas cifras las menciona el periodista Sergio Sarmiento en su columna de hoy lunes 27 de Octubre en el periódico Reforma.

Ahora, ¿por qué ver esta película? Bueno, la razón principal que le encuentro es el hecho de que nos muestra, no el qué, sino el cómo. Dicho en otras palabras: no nos dice que televisora manipula, sino que nos dice cómo es que manipula la información para influenciar directamente en la percepción del espectador sobre asuntos de relevancia política y social. Nos muestra como algunas noticias son utilizadas para contrarrestar el impacto negativo sobre el Gobierno, y hace alusión al caso de René Bejarano. También muestra como otras noticias son “infladas”,o incluso hasta montadas, como ocurrió con el operativo televisado del caso Cassez o el de la niña Paulette. Es decir, nos señala que en cada noticia que podamos ver en televisión, debemos tomar en cuenta que detrás hay el interés de algunos en particular, que esas noticias atienden a los intereses de algunos.

Un ejemplo de esto es lo que ocurrió hace unos días, y es que, bueno, a estas alturas no pueden pedir que no sea uno mal pensado: Cuando más álgido está el tema sobre los 43 normalistas desaparecidos, con la mega marcha y las distintas actividades y manifestaciones en todo el país exigiendo respuestas, de pronto sale la noticia de la captura de Sidronio Casarrubias, máximo líder del grupo criminal “Guerreros Unidos”, pero como esta nota no tuvo el impacto esperado, días después aparece la noticia del asesinato de un integrante de la Banda El Recodo y haciendo alusión a una especie de crimen pasional y un triángulo amoroso, casi novelesco; entonces ahí si hubo la cobertura nacional e internacional de ese caso y por unos momentos se desvió la atención, aunque hay que decir que el tema de Ayotzinapa es tan fuerte y relevante que difícilmente perderá atención.

Hay dos frases con las que me quedo: “En este país la moral es un pinche arbusto que da moras” y “No cabe duda que el cinismo es la línea editorial de su empresa”.

Ahora, me hace mucho ruido el aspecto de presentar las diferentes situaciones en un tono de sátira. Esto no es nuevo en el trabajo de Luis Estrada, basta recordar su película “La Ley de Herodes”, que también utiliza este tono.

Cuando estaba en la sala hubo diversas escenas que provocaban las carcajadas de los asistentes, y en realidad sigo sin entender cuál era la risa, pues mostraba situaciones que debían indignarnos, y peor aún, que si habían sucedido en la vida real, pero estas eran proyectadas en un tono de sátira.

Mucho se ha dicho, que ya hasta se ha convertido en muletilla, que el mexicano tiene la capacidad de reírse de su propia desgracia. El mismo director Luis Estrada mencionó, en una entrevista televisada de cuando proyectaron su película en el Senado, que se trataba de que se identificaran y pudieran reírse de si mismos. Entonces me pregunto: ¿Hasta cuando seguiremos riéndonos de nuestras desgracias? ¿Hasta cuando le daremos la seriedad necesaria a los temas que nos conciernes y nos afectan? ¿Acaso debemos abrazarnos a esa cualidad de reírnos de nosotros mismos? Sí hay que reconocer que los políticos y la política en este país se ha convertido en una caricatura pero, ¿esa es razón para reírnos y no indignarnos? Entre risas y risas no nos damos cuenta que en realidad son otros quienes se ríen de nosotros.

La Dictadura Perfecta es una película importante porque señala uno de los grandes males de este país: Televisa y la manipulación a través de la televisión.

Esperemos que en realidad el señalamiento de la manipulación mediática sirva de algo y no se quede solo en una sátira mexicana donde los personajes hacen reír por su descaro y cinismo.

SI VAS AL CINE, ¡NO HABLES!

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El Festival Internacional de Cine de Monterrey comienza este 26 de agosto del 2014 celebrando diez años de existencia. Así que, durante casi una semana, la ciudad tendrá mucho cine para disfrutar. Tendremos la oportunidad de ver películas, cortos y documentales de otros países, inclusive del nuestro, que difícilmente las veremos en cartelera comercial.

 Aprovechando que inicia el FICMTY, aquí les comparto algo de lo que NO se debe de hacer durante la proyección de una película en una sala de cine. No lo digo yo: es sentido común.

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No es tan difícil entender varias cosas al asistir a una sala de cine o de conciertos. Y esto puede aplicar a cualquier sala en cualquier ciudad de cualquier país.

  • Lo primero es el respeto mutuo. No es un lugar para platicar, y si tu compraste un boleto, el otro también lo hizo y tiene derecho a ver la película cómodamente.
  • A nadie le interesa tus comentarios ni opiniones durante la proyección. Los comentarios que importan son lo de los personajes.
  • Si sabes mucho de cine, entonces sabrás que hay que guardar silencio en la sala y no andar “pavoneando”; sólo te hará ver muy mal.
  • Facebook, mensajes y demás redes pueden esperar mientras estás viendo la película. Te lo juro que no se puede ver una película y chatear al mismo tiempo.
  • No se contesta el teléfono dentro de la sala por respeto a los demás.
  • Si la película te aburre, salte. A fuerza ni los calcetines.
  • No vayas al cine como parte de una cita amorosa, a menos de que a tu pareja le guste disfrutar del séptimo arte. Mucho menos quieras verte interesante y la lleves a ver una película “de arte”, de las que ni tú acostumbras a ver, porque seguro terminarás hablando.
  • Los asientos no son para descansar los pies. Esos asientos tuvieron un costo y sirven para que muchos nos sentemos ahí a disfrutar la proyección cómodamente. No en lugares gastados, sucios y descompuestos. Eso es de pésimo gusto.
  • Por último: si vas al cine disfruta de la película. A eso vas, por eso pagaste. No compraste un boleto para ir a charlar y los demás no compramos un boleto para escucharte a ti hacerlo.

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Sé que todo esto se ha dicho muchas veces, sin embargo, sigue ocurriendo todos los días.

SI VAS AL CINE, POR FAVOR, ¡NO HABLES!

Twitter: @homerontiveros