LA MUJER QUE NUNCA TENDREMOS PARA NOSOTROS SOLOS: ¡QUE VIVA LA MÚSICA!

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Leer ¡Que viva la música! De Andrés Caicedo es como ver a tu novia, o aquella mujer que te vuelve loco, con otro disfrutando de su cuerpo mientras consumen cuanta droga les pase por enfrente. Así de angustiante es el monologo de Siempreviva.

Esta novela apareció en 1977 pero no fue descubierta por el mundo literario global sino muchos años después de la muerte de su autor a los 25 años. Esta obra no sufre las embestidas del tiempo y le da a Andrés un aire de inmortalidad, pues pasan los años y se sigue leyendo tan fresca y atractiva como en su momento. No es extraño que para algunos se haya convertido en una novela de culto.

María del Carmen Huerta es una joven colombiana de la burguesía de Cali quien no se adapta a las formas de su clase social y desde los 16 años comienza su andar en el mundo de las drogas y la noche: si he gozado la noche, si la he controlado y ya teniéndola rendida me la he bebido, dice nuestra heroína pero, ¿quién le gana a la noche? Nadie, aunque ella, una rubia orgullosa de su hermosa cabellera sepa que la noche le quita el brillo a cualquier cabellera.

En esta obra de Caicedo aparecen la vida y la muerte. La primera es a través de la música, que es lo que le da sentido a la vida de María del Carmen cada vez que escucha rock y pide a su mejor amigo le traduzca las letras que ella no entiende y que no quiere que nadie sepa de su incomprensión del ingles. Para ella la única forma de escuchar la música es a alto volumen, de otra manera es impensable. Así se la pasa entre líneas de coca, cigarros de mariguana y ácidos descubriendo lo intangible de la música, la magia y los datos que gusta de aprender y charlar con los demás.

Pero es una noche en que decide dejar una fiesta aburrida cuando se encuentra con la Salsa, el Tumbado, Guagancó, el Jazz y el Boggaloo: música latina y afrocaribeña, lazo que la llevaría a que su vida se convirtiera en una descarga. Descubre las canciones en su lengua, el ritmo de las percusiones, el baile como rito sagrado, la relevancia de la música popular y en el mismo idioma del pueblo, porque a través de ellas se encuentra a si misma, valiente y altanera.

Gracias a su forma de abrir la noche como si fuera un telón donde ella es la estrella principal, y a su aguante para terminar de pie hasta el amanecer, decide llamarse Siempreviva, porque en ella no hay otra cosa que no sea rumba y noche, y de eso se trata la vida, según se dice a sí misma.

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El monologo de Siempreviva es un torbellino del que uno no sale ileso; la angustia de verla surcando la marea alta hace que uno esté esperando a ver en qué momento esa barca de madera que es ella termine hundiéndose poco a poco; es como asistir a una despedida agónica en la que solo de quien no teme a la noche ni al paso del tiempo aprendemos lo escondido de la vida, lo que no se enseña ni en la casa ni en las escuelas. Verla siempre tan cerca y no tenerla es conocer la angustia.

Al estimado lector le aseguro que no lo canso, yo sé que lo cautivo, dice Siempreviva, y así es, terminamos cautivados por esta mujer a la que como espectadores la vemos ir calle abajo.

Caicedo narra de forma magistral este monologo, se da libertades del lenguaje únicas para su momento y el monologo tiene una poética que lo acompaña todo el tiempo, a decir que esa poética no pelea sino que convive con los modismos caleños, razón por la cual la voz con que habla Siempreviva le da una identidad propia y de belleza salvaje, porque eso es ella: Salvaje.

A través de esta historia se hace una oda a la música, a la importancia que tiene en la vida de las personas, al sentido que le da al día a día, y si bien, Siempreviva cada vez se interna en los rincones más oscuros de la noche, es la música el farol de luz que prende para no terminar de caer de bruces ante la realidad, a esa de la que desde pequeña escapa María del Carmen, y misma de la que posiblemente Caicedo también buscara escapar  con su suicidio a los 25 años. Es en la parte final donde el tono de la narrativa cambia y podemos escuchar a un Andrés en aparente despido. Esta novela es luz y sombra al mismo tiempo: eclipse que ciega; historia que suena a los Rolling Stones, Ray Barreto y Richie Ray.

Al final viene la discografía de todos los temas que aparecen durante la historia, detalle que revela la importancia que tiene no solo la música, sino las canciones en particular, el soundtrack de Siempreviva.

Nunca es tarde para leer ¡Que viva la música! Novela que deja marcado como su personaje, como aquella mujer que nos volvió locos y nunca fue nuestra más que por momentos que ella decidía a su antojo. Eso es esta obra: la mujer que nunca tendremos para nosotros solos.

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