ME MATA SI ME NECESITAS DE QUIQUE GONZÁLEZ: UN DISCO PARA ESCUCHAR MIRANDO POR LA VENTANILLA

 

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Me Mata Si Me Necesitas es el nuevo disco del español Quique González acompañado por Los Detectives. Son diez tracks vestidos con retazos de Rock, Country y Pop, lo que los españoles llaman Americana. Pero ojo, para nada es una intentona de sonar a los americanos; Quique tiene un sonido auténtico porque sus canciones tienen identidad propia, caminan por si solas en senderos por los que en algún momento de nuestra vida hemos caminado, entonces es rápida la identificación.

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Hay que decir que este disco es para escucharlo en solitario, es un viaje personal porque no es música para escuchar mientras se hace algo más; son canciones que se escuchan mientras se observa el tiempo y la vida pasar a través de la ventanilla. Eso son estas canciones: la ventanilla por donde observamos la carretera, esa por donde vamos transitando. Por momentos Me Mata suena a desierto, pero no a ese de cactus, víboras y arena, sino al desierto urbano por donde caminamos solitarios y silenciosos entre dunas de concreto: La soledad de una ciudad.

El incluir un violín, una mandolina y un acordeón en ciertos temas le da un matiz acertado, algo así como haber elegido una buena corbata a la camisa, no la clásica, una diferente pero que combina bien con ella. Esto no es raro pues la producción estuvo a cargo de Rick Falkner, quien hace un trabajo muy limpio sin arreglos de más ni vueltas que terminen llegando a la nada; aquí parece que cada instrumento tiene su lugar y que cada melodía sabe bien hacia dónde va.

Canciones redondas que hablan de estar al borde, de llamadas que se pensaron pero nunca se hicieron, de tener fe, de despedidas, de los estrechos callejones del corazón, de orquídeas en el tráfico y la casa de los padres.

Me Mata Si Me Necesitas es un disco para escucharlo frente al espejo y mirar qué hay detrás nuestro.

LA MUJER QUE NUNCA TENDREMOS PARA NOSOTROS SOLOS: ¡QUE VIVA LA MÚSICA!

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Leer ¡Que viva la música! De Andrés Caicedo es como ver a tu novia, o aquella mujer que te vuelve loco, con otro disfrutando de su cuerpo mientras consumen cuanta droga les pase por enfrente. Así de angustiante es el monologo de Siempreviva.

Esta novela apareció en 1977 pero no fue descubierta por el mundo literario global sino muchos años después de la muerte de su autor a los 25 años. Esta obra no sufre las embestidas del tiempo y le da a Andrés un aire de inmortalidad, pues pasan los años y se sigue leyendo tan fresca y atractiva como en su momento. No es extraño que para algunos se haya convertido en una novela de culto.

María del Carmen Huerta es una joven colombiana de la burguesía de Cali quien no se adapta a las formas de su clase social y desde los 16 años comienza su andar en el mundo de las drogas y la noche: si he gozado la noche, si la he controlado y ya teniéndola rendida me la he bebido, dice nuestra heroína pero, ¿quién le gana a la noche? Nadie, aunque ella, una rubia orgullosa de su hermosa cabellera sepa que la noche le quita el brillo a cualquier cabellera.

En esta obra de Caicedo aparecen la vida y la muerte. La primera es a través de la música, que es lo que le da sentido a la vida de María del Carmen cada vez que escucha rock y pide a su mejor amigo le traduzca las letras que ella no entiende y que no quiere que nadie sepa de su incomprensión del ingles. Para ella la única forma de escuchar la música es a alto volumen, de otra manera es impensable. Así se la pasa entre líneas de coca, cigarros de mariguana y ácidos descubriendo lo intangible de la música, la magia y los datos que gusta de aprender y charlar con los demás.

Pero es una noche en que decide dejar una fiesta aburrida cuando se encuentra con la Salsa, el Tumbado, Guagancó, el Jazz y el Boggaloo: música latina y afrocaribeña, lazo que la llevaría a que su vida se convirtiera en una descarga. Descubre las canciones en su lengua, el ritmo de las percusiones, el baile como rito sagrado, la relevancia de la música popular y en el mismo idioma del pueblo, porque a través de ellas se encuentra a si misma, valiente y altanera.

Gracias a su forma de abrir la noche como si fuera un telón donde ella es la estrella principal, y a su aguante para terminar de pie hasta el amanecer, decide llamarse Siempreviva, porque en ella no hay otra cosa que no sea rumba y noche, y de eso se trata la vida, según se dice a sí misma.

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El monologo de Siempreviva es un torbellino del que uno no sale ileso; la angustia de verla surcando la marea alta hace que uno esté esperando a ver en qué momento esa barca de madera que es ella termine hundiéndose poco a poco; es como asistir a una despedida agónica en la que solo de quien no teme a la noche ni al paso del tiempo aprendemos lo escondido de la vida, lo que no se enseña ni en la casa ni en las escuelas. Verla siempre tan cerca y no tenerla es conocer la angustia.

Al estimado lector le aseguro que no lo canso, yo sé que lo cautivo, dice Siempreviva, y así es, terminamos cautivados por esta mujer a la que como espectadores la vemos ir calle abajo.

Caicedo narra de forma magistral este monologo, se da libertades del lenguaje únicas para su momento y el monologo tiene una poética que lo acompaña todo el tiempo, a decir que esa poética no pelea sino que convive con los modismos caleños, razón por la cual la voz con que habla Siempreviva le da una identidad propia y de belleza salvaje, porque eso es ella: Salvaje.

A través de esta historia se hace una oda a la música, a la importancia que tiene en la vida de las personas, al sentido que le da al día a día, y si bien, Siempreviva cada vez se interna en los rincones más oscuros de la noche, es la música el farol de luz que prende para no terminar de caer de bruces ante la realidad, a esa de la que desde pequeña escapa María del Carmen, y misma de la que posiblemente Caicedo también buscara escapar  con su suicidio a los 25 años. Es en la parte final donde el tono de la narrativa cambia y podemos escuchar a un Andrés en aparente despido. Esta novela es luz y sombra al mismo tiempo: eclipse que ciega; historia que suena a los Rolling Stones, Ray Barreto y Richie Ray.

Al final viene la discografía de todos los temas que aparecen durante la historia, detalle que revela la importancia que tiene no solo la música, sino las canciones en particular, el soundtrack de Siempreviva.

Nunca es tarde para leer ¡Que viva la música! Novela que deja marcado como su personaje, como aquella mujer que nos volvió locos y nunca fue nuestra más que por momentos que ella decidía a su antojo. Eso es esta obra: la mujer que nunca tendremos para nosotros solos.

RECOMENDACIÓN DE LA SEMANA: BOOGARINS, ENTRE EL TROPICALISMO Y LA PSICODELIA

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Boogarins es una banda brasileña originaria de Goiania, región del país que entre otras cosas es conocida por sus conciertos de música sertaneja, que es algo así como el country brasileño.

La banda se formó apenas en el 2012, pero ya para el siguiente año y gracias a su primer EP As plantas que curam, salieron de gira pudiendo llevar su música a Europa, Estados Unidos de América y Latinoamérica.

Para el 2015 editan su segundo disco Manual ou Guia Livre de Dissolucao dos Sohnos, disco que fue grabado en España tras su gira por el continente europeo. A su corta edad, porque hay que mencionar que están en los 20’s, han logrado crear una música que los lleve a distintas latitudes y se hable de ellos en diversos medios del mundo.

Boogarins tiene un sonido psicodélico que transita por las calles del rock, soul y el jazz; una avenida que conecta con la tradición de la música brasileña y no precisamente el bossa o la samba, sino de aquellos que reinterpretaron su propia música y raíz: Os Mutantes, Caetano Veloso o Tom Ze; pero también encontramos en su música ecos de Pink Floyd y Jimmy Hendrix por mencionar algunos.

Estos jóvenes brasileños están muy cerca del Tropicalismo. No es nada extraño cuando sus integrantes mencionan que han pasado su adolescencia escuchando discos de músicos cercanos a este gran movimiento artístico y cultural que se generara en Brasil.

Al igual que hicieron algunos de los grandes artistas de este movimiento brasileño, estos jóvenes mezclan temas populares y festivos con la protesta, algo que en su momento hiciera que artistas como Caetano Veloso y Gilberto Gil fueran considerados enemigos peligrosos y tuvieran que exiliarse durante la dictadura en Brasil.

En su música es palpable el compromiso para consigo mismos como músicos y artistas. No hay concesiones ni subestiman al escucha. Hay atmósferas generadas por guitarras y voces que deambulan a través de diversos efectos generando momentos oníricos donde Dinho Almeida canta de adentro hacia el espejo que somos nosotros.

Rifs de guitarras, melodías de voz que planean sobre nubes armónicas y ritmos que nos muestran que las estructuras están para romperse y que la canción nunca debe ser la misma.