EL DISCO FÍSICO VS LA MÚSICA DIGITAL

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El día de hoy me encontré con una nota muy interesante para quienes nos dedicamos a la música y vivimos de ella: las ventas de música digital ya superan a las físicas a nivel mundial.

Según el informe anual de la Federación Internacional de la Industria Discográfica (IFPI) las ventas de música en formato digital ascendieron a 6 mil 850 millones de dólares en todo el mundo, mientras que las de formato se quedaron en 6 mil 820 millones de dólares.

También hay otra cosa importante: los servicios de streaming, los que permiten escuchar música de forma ilimitada como Spotify, están dominando el mercado digital. Y con esto se menciona la posibilidad de que en un futuro esta sea la forma en que la música sea vendida en su mayoría.

David Byrne señala en su libro “Cómo funciona la música” (Ed. Sexto Piso) que con la aparición de la música digital estamos regresando a los inicios de la música, cuando no existían las grabaciones y la música, a través del disco, no se había convertido en un producto, en algo físico y palpable, sino que se trataba de algo intangible; la única forma de escucharla era en vivo.

Y aunque creo que la música digital sigue siendo un producto, si coincido en que se ha convertido nuevamente en algo intangible, algo que no podemos palpar, que no poseemos.

Ahora, ¿por qué las ventas digitales superan a las ventas físicas? Se me ocurren algunas ideas.

1- Porque ya no escuchamos discos completos. Hemos perdido el interés por escuchar todo un disco, ya no lo vemos como un trabajo en conjunto donde va incluida la música, el arte y demás. Pero esto no es gratuito, sucede que también quienes hacen o hacemos discos, hemos dejado de crearlos con un sentido de conjunto donde todas las piezas forman la obra total. Muchos discos buscan conseguir 2 o 3 temas muy buenos y el resto solo es relleno. De ahí que la gente prefiera escuchar canciones sueltas a discos completos, y esto lo pueden hacer más fácilmente en formatos digitales: compran la canción, no el disco.

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2- Porque los establecimientos donde se venden discos cada vez tienen menos opciones de música a la venta. Encuentras lo que las disqueras dan por prioridades, que regularmente son artistas de pop o grupero muy conocidos, pero otro tipo de propuestas es difícil encontrarlas (aunque de pronto hay sus excepciones). Sin embargo, en el formato digital encuentras casi todo. Algunos ejemplos: Hace días buscaba música de Turquía, específicamente de un artista llamado Bülent Ortaçgil; eché un vistazo en el catálogo de Mix up -porque siempre preferiré tener el disco físico-, sin embargo no lo encontré; bastó entrar a Itunes, teclear el nombre y listo: tenía frente a mi no solo uno, sino varios discos. De un tiempo para acá me interesa escuchar lo que se hace en México por parte de las bandas de rock “independientes”, así que voy y busco los discos, de las que sé que los tienen y que aparte cuentan ya con un buen público, y no es fácil conseguirlos. Claro que aquí puede ser problema de quién los distribuya, pero uno como escucha no va a pensar en eso. Así que mejor corres a buscarlo digital. Y por último, esto me pasó hace días: me interesé en el álbum de The New Basement Tapes, un proyecto donde participa Elvis Costello junto a músicos de Mumford & Sons y My Morning Jacket, y sí me aparecía en el catalogo de la tienda, pero importado y a un costo muy elevado, así que mi mejor opción fue hacerme de la versión digital.

3- Los servicios de streaming llevan la delantera por la razón de que ofrecen la opción de poder escuchar toda la música que quieras a un costo muy menor. Por ejemplo, Spotify, ahora tiene una promoción en la cual cada mes pagas 29 pesos mexicanos (su costo normal es de 99 pesos) y puedes escuchar cuanta música quieras. ¿Cuántos discos te compras con 29 pesos en un mes?

4- El desapego de las nuevas generaciones. El coleccionismo ha quedado atrás; solo unos cuantos siguen viendo en el disco un objeto coleccionable y esto es por el desapego hacia todo aquello que hoy en día puedes encontrar gratuitamente en la red: películas, música, series, libros, etc.

No creo que este sea el formato del futuro. Creo que es una opción más a las ya existentes y que viene a ser benéfico tanto para los artistas (si se regula correctamente y se mejoran los porcentajes de ganancia), como para los escuchas.

Habremos también personas que siempre querremos tener el disco físico, aunque en ocasiones por facilidad acudamos al formato digital.

El disco físico es un objeto, el formato digital son códigos y números traducidos en música. Podemos tener la música como objeto o en su forma natural intangible, pero en ambos casos no hay que olvidar que alguien está creándola, que es un oficio y como tal debe ser reconocido. Y pagado.

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POR LA MÚSICA NO SE PAGA

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Las formas de escuchar, comprar y difundir música están en constante cambio hoy en día gracias al Internet y las dinámicas sociales y de consumo que este genera.

Desde la posibilidad de comprar discos físicos online (a través de sitios como Amazon), comprar sencillos en iTunes, escuchar discos completos en Youtube, Deezer o Spotify, hasta descargarlos gratuitamente, tanto legal como ilegalmente, la red ha presentado nuevas formas de acceder a la música.

Ahora acaba de aparecer una nueva plataforma : Tidal, una aplicación streaming que ofrece –entre sus aparentes ventajas-, una mayor fidelidad de audio y video, además de que tendrá un costo para poder usarse.

La polémica comenzó cuando todavía no ha sido anunciada para su uso en Latinoamérica. Lo positivo de esta plataforma es que se encuentra en manos de músicos (Jack White, Jay Z, Daft Punk, entre otros) y son ellos quienes generarán la dirección que tome. Pero los puntos negativos, o cuestionables, salen a flote.

¿Para qué pagar música con mayor fidelidad si la escucharemos a través de las bocinas de una computadora o los audífonos del celular? ¿Para qué pagar por escuchar discos que no podremos tener con nosotros? ¿Por qué pagar si puedo escucharlo gratis en Spotify o Youtube, u otras plataformas? Si me interesa escuchar música con más fidelidad implica que debo tener los dispositivos de audio para poder disfrutarla, entonces ahí el costo no será solo el que se pague por usar la aplicación, sino el gasto de comprar los aparatos para poder escucharlo de manera adecuada.

Sin embargo, habría que tomar en cuenta que en plataformas como Spotify o Tidal lo que se ofrece es la accesibilidad a la música del agrado de cada quien por medio de un click. Tener acceso a infinidad de música, agruparla en listas al gusto de uno, y escuchar música sin la necesidad de estar descargando cada tema.

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También hay que tomar en cuenta que el costo que se pagaría no es el equivalente a discos por comprar, es decir, con los 19.99 dólares que pagarías mensualmente en Tidal, podrías comprarte dos o tres discos en ese mismo mes, sin embargo, la cantidad de discos que podrás escuchar mensualmente será mucho mayor, sin tomar en cuenta que hay públicos más exigentes que buscan música no tan accesible y que un solo disco puede costarte más de 20 dólares. Lo malo: ninguno de esos discos será tuyo ni lo tendrás físicamente en tu poder ni en tu computadora. Es decir, estás pagando por la accesibilidad, no por la propiedad.

Sin embargo el hecho de que exista la opción, entre otras, es positivo. Habrá quien lo disfrute.

Todo esto me llevó a un par de paradigmas: Hoy en día, al parecer los músicos y compañías, quieren que paguemos por “escuchar” o acceder a la música, algo que antes no haríamos. Y el otro paradigma: El usuario prefiere no pagar por la música.

De ahí me vino preguntarme ¿Cuál fue el último disco que compramos y hace cuánto tiempo fue la compra?

Tan solo en el 2014 la venta de discos, mundialmente, cayó un 3.9% según el informe de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica. Es decir, la gente cada vez más va dejando de comprar discos: prefieren bajarlos o escucharlos de manera gratuita. Entonces la pregunta: ¿Por qué la gente habría de pagar por escuchar música en una plataforma, donde el producto no es suyo, si ni siquiera compra discos?

Cada vez nos vamos acostumbrando más a no pagar por música, y eso conlleva a que ahora quieren que paguemos por el solo hecho de “escucharla”, puesto que ya no compramos discos. Y no solo eso, al parecer estamos en tiempos de la gratuidad: Sucede con los periódicos pues ya no pagamos por las noticias, mejor lo vemos gratis en la web. Para qué comprar un libro si lo puedo descargar gratis. ¿Películas y series? Todo mundo tiene alguna página donde verlas o descargarlas sin costo. El Internet nos ha dado un acceso increíble a la información, pero también hemos dejado de pagar por ella.

Pero la realidad es que nada puede ser gratuito en esta sociedad para que subsista. Un disco tiene un costo en su producción. Una canción para que sea escuchada en cualquier plataforma de Internet antes tuvo que ser grabada y eso conlleva un costo, por más “casera” o independiente que sea la propuesta, todo cuesta. En esta sociedad, en la cual vivimos y de la que formamos parte, todo cuesta.

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Parece ser que hoy en día comprar música se ha quedado en una actividad propia de melómanos; que comprar un disco se ha convertido en un lujo, y no por su costo, porque los hay de muchos y diversos, sino porque muchos lo hacen solo como una ocasión especial. Aunque haya quien dice que siguen siendo caros, me consta que, buscando, uno encuentra joyas en precios muy bajos. Aún y cuando la música nos acompaña todos los días, a todas horas, en nuestra propia vida a manera de soundtrack, muchos tienen la idea de que por la música no se paga. Pareciera que aún no hemos captado la importancia y la relevancia que tiene la música en nuestra sociedad.

Twitter: @homerontiveros