LA CULPA NO ES DE MC DINERO

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Veo el video de Mc Dinero en un antro, con gente aplaudiéndole, que fue ahí para verlo y no dejo de preguntarme qué estamos haciendo, ¿por qué alimentamos el absurdo hasta el límite? ¿O será que inconscientemente el chavo rapero canta una verdad: dinero, dinero, dinero?

Basta recordar también lo sucedido con Wendy Sulca: la cantidad de gente que reía con burla, al mismo tiempo que aplaudía, cuando vino al Café Iguana y tuvo más público que muchas bandas conocidas. Pareciera que es “cool” esa actitud: aplaudirle al personaje del circo, nuestro circo, para que haga su gracia. Cuánta gente acudió aquí en la ciudad para verla, y no precisamente porque pensaran que era talentosa, sino para formar parte de ese absurdo, al cual obviamente ella se sumó.

Sí, a veces resulta cómico y entretenido ver los absurdos comportamientos de los demás, los accidentes, las aberraciones y la falta de talento. Pero no nos conformamos con solo verlo a la distancia. Nos encargamos de que todo mundo sepa que el otro no tiene talento o ha sufrido un accidente.

De hecho, no nos hemos dado cuenta de que este joven parece que trata de mejorar, pues en otros videos no se escuchan igual de mal sus intentos de rapear (hasta me da la impresión de que les tira a los espectadores ahí, pero ellos están tan metidos en su burla que ni cuenta se dan). O quién sabe, a lo mejor se da cuenta que eso es lo que llama la atención y se presta al juego, aunque en la apuesta se quede sin nada. ¿Alguien se acuerda o sabe qué ha sido del “Sibidibi?

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No entiendo tampoco por qué la necesidad de estar compartiendo videos de peleas salvajes entre mujeres, hombres y hasta niños; videos de accidentes fatales o muertes de animales.

Estamos alimentando nuestro morbo y nos damos cuenta que es mucho mayor de lo que pensábamos.

Repudiamos la violencia, sin embargo, la difundimos en redes sociales a través de la imagen o la palabra. Nos quejamos del contenido amarillista de la televisión nacional, y, sin embargo, nosotros mismos hemos provocado que las redes sociales hoy en día sobrepasen el contenido cuestionable de la televisión.

Hacemos del crimen organizado un fenómeno cultural, de esa forma lo avalamos sin darnos cuenta.

Anteponemos lo chusco al talento, por eso tenemos ciertos personajes en los medios de comunicación, porque lo hemos permitido, porque nos gusta saber que quienes están ahí no son más que nosotros.

Probablemente, hoy en día, sea más fácil que miles de personas te volteen a ver si haces algo mal, o chusco, que por el talento. Luego después viene la queja de porqué bajo los reflectores abunda gente sin talento.

Somos el público del Coliseo, el que quiere sangre, burla, violencia y agresión, pero hacia el otro, aplaudiendo desde nuestra butaca sin darnos cuenta que también somos parte del espectáculo.

Entonces, ¿quién tiene la culpa?

La culpa no es de ellos, sino de nosotros por alimentar el absurdo.

La culpa no la tiene Mc Dinero por creer que puede hacer presentaciones y tener cientos de miles de views y seguidores. La culpa es de nosotros. No sé él si sepa que se trata de una broma gigantesca, como muchas otras que seguiremos creando con la esperanza de que la bola de nieve se convierta en avalancha. Y si lo sabe, qué importa, parece que ofrece lo que a la gente le gusta escuchar: dinero, dinero, dinero.

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